El Príncipe y La Principeza

Érase una vez un Príncipe que venía de África, aunque no era africano. Hablaba siempre del mundo, de su mundo. No tenía un caballo blanco, ni una espada mágica, pero siempre tenía tiritas. Escuchaba Sean Paul y tomaba café después de la siesta.

Érase una vez una Principeza que venía de vivir en una rueda de hámster. La rueda estaba en una jaula con forma de castillo azul celeste. Hablaba siempre del mundo, de su mundo. No tenía una trenza larga y rubia, pero sí pelo corto y tinte. Tomaba té después de la siesta y le gustaba escuchar a Rayn Andams.

Un día El Principe y La Principeza se conocieron en un pequeño castillo, donde había moscas y ratas. Y todos vivían en armonía.

Les gustaba pasear, nadar, bailar, cantar y rozarse la mano como si eso no fuera con ellos.

Un buen día El Príncipe se encendió un cigarro y besó a La Principeza, pero derrepente comenzó a hablar en Griego. La Principeza confundida, preguntó que significaba, el respondió – no soy yo, es mi cerebro – La Principeza pensó que cuántos cerebros de príncipes había por ahí hablando solos en Griego.

Finalmente La Principeza le dijo al Príncipe – Mira! mi mundo – y El Príncipe dijo a La Principeza – Mira! mi mundo –

Y cada uno se quedó en su propio mundo.

Y las moscas y las ratas se quedaron solas.

Y El Príncipe ahora habla de Pura Vida.

Y La Principeza ahora solo escucha a Elvis.

Fin かどうか

IMG_8939Brandfort, Canadá

Un comentario en “El Príncipe y La Principeza

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